HISTORIA DE LAS LITURGIAS ORIENTALES CATÓLICAS

I. GÉNESIS Y DESARROLLOS

Las liturgias de las iglesias orientales son designadas con frecuencia con el insatisfactorio término de rito, que comenzó a usarse en la iglesia romana para situar la multiplicidad y la licitud de las tradiciones litúrgicas orientales, en el sentido, frecuentemente limitativo, de aspecto ceremonial o uso peculiar. En realidad, es necesario acudir al primitivo conjunto de normas y tradiciones institucionales y culturales que forman la base de la vida de cada iglesia oriental en particular.

La génesis de estas liturgias debe buscarse en la ordenación patriarcal antigua. Éste es un fenómeno de condensación administrativa eclesiástica basada en las iglesias locales de los primeros siglos, que se centraliza primero en torno a un gran número de metrópolis y después en torno a un número más restringido de centros patriarcales. La cabeza de éstos se llama, dentro del imperio romano, patriarca (Alejandría, Antioquía, Constantinopla Jerusalén), fuera de él, katholikos (Seleucia-Ctesifonte para los siro-orientales, Armenia, Georgja). El sistema patriarcal es centralizador, y determina una unificación cada vez mayor en los campos legislativo y disciplinar. La autonomía patriarcal concierne a la creación de sedes episcopales, a la elección o traslado de los obispos, a la fijación de la vida litúrgica (Introducción de formularios y de fiestas, determinación de fechas y costumbres, reglas de ayuno, etc.), a la disciplina del clero, así como de los laicos.

La autonomía de las provincias eclesiásticas es la matriz de particularismos que explican el origen de las provincias litúrgicas. Sin embargo, el sistema patriarcal de los siglos IV y V no cubre exactamente el número de éstas, porque dentro de un mismo patriarcado ha habido regiones con una vida litúrgica muy particular e influyente, como en Éfeso o en Capadocia absorbidas después por la preponderante liturgia de Constantinopla. La iglesia de Jerusalén, convertida en patriarcado sólo después del concilio de Calcedonia (451), influyó en la liturgia de otras iglesias desde el siglo IV, cuando era todavía una iglesia local dependiente del metropolita de Cesares Marítima.

II. ÉPOCA ARCAICA (SIGLOS III - V)

Al principio podemos distinguir dos ramas litúrgicas principales, correspondientes a dos áreas geográficas bien distintas: rama siro-antioquena; rama alejandrina.

1. RAMA SIRO-ANTIOQUENA.

Abraza todas las regiones influidas históricamente por Antioquía, donde convergen elementos semíticos y helenísticos. Aquí distinguimos:

a)    la liturgia de Antioquía-Jerusalén;

b)    oriental siro-oriental en Mesopotamia -Persia;

c)     la liturgia asiático.

Los documentos que atestiguan el paso de la fase de transmisión oral a la escrita son muy limitados. Los más antiguos son la Didajé, la Traditio apostolica, las Constituciones Apostolorum, el Testamentum Domini y ciertas anáforas de tipo antioqueno, cuya redacción más antigua la poseemos sólo por las reconstrucciones de B. Botte, A. Raes y A. Tarby. Los testimonios patrísticos mas antiguos para la región antioqueno-jerosolimitana se encuentran en las catequesis bautismales de San Juan Crisóstomo, en las homilias catequéticas de Teodoro de Mopsuestia ,en el Itinerario de Egeria (cc. 29-45), en las catequesis bautismales y mistagógicas de san Cirilo de Jerusalén y en las homilías de Narsai.

Las lenguas litúrgicas son el griego, dominante en los territorios occidentales, en las ciudades, y el arameo usado en Siria y Mesopotamia, bajo el influjo de Edesa y Nísibe. Las Anáforas que pueden remontarse al siglo IV son sobrias tienen una estructura emparentada con la berakah hebrea, la doctrina cristológica está todavía débilmente desarrollada y pone de relieve sobre todo la misión del Logos, la historia de la salvación, la gloria divina y el pensamiento eclesiológico. Los códices antiguos que las conservan son muy posteriores a la fecha de composición. Todos estos documentos arcaicos contienen de forma diversificada numerosas informaciones sobre el año litúrgico, las fiestas, la jornada litúrgica, los oficios, la disciplina de los sacramentos y del ayuno, la catequesis y la jerarquía eclesiástica.

3. RAMA ALEJANDRINA.

Los documentos sobre la liturgia egipcia arcaica son mucho menos abundantes que los del ambiente antioqueno. Los padres alejandrinos parecen no prestar excesiva atención a los ritos litúrgicos, ocupándose principalmente de la doctrina. De ellos, sintomáticamente, no nos ha llegado literatura litúrgico-mistagógica. Aquí y allá se encuentran detalles sueltos sobre la orientación del bautismo y de la eucaristía, suficientes para mostrar su originalidad, y en los que se reconoce la extrema popularidad de que gozaba en Egipto la Traditio apostolica de Hipólito. Un manuscrito del Monte Athos, conocido con el nombre de Eucologio de Serapión de Thmuis, amigo de san Atanasio, es la única fuente para la liturgia alejandrina del siglo IV; junto a rasgos típicamente alejandrinos, se encuentran otros que no tienen lugares paralelos seguros en la tradición egipcia posterior. El papiro de Der Balizeh es el más importante de los raros restos eucológtcos egipcios. Escrito en el siglo VI, utiliza fuentes más antiguas, como Clemente, Hermas, Serapión y la Didajé, donde el famoso versículo sobre los trigos esparcidos presenta variaciones que transforman su sentido eclesiológico en sentido eucarístico. El texto de la anáfora contiene la doble epíclesis (petición de la consagración y epíclesis de comunión después de la narración de la institución), que es una constante específicamente alejandrina. El estilo y la elección de la eucología de esta obra tiene un cierto carácter de libertad y resulta una muestra del origen heterogéneo de los fragmentos.

III. FASE DE ESTRUCTURACIÓN DEFINITIVA (DEL SIGLO V EN ADELANTE)

Las familias litúrgicas orientales se fueron formando sobre la organización territorial de la iglesia antigua, calcada en la civil y política, y enriquecida con la aportación de las iglesias particulares (Jerusalén, Capadocia); en el siglo V comienzan a diversificarse y a fragmentarse bajo el impulso de nuevos e inconciliables factores doctrinales, culturales y sociales. Los siro-orientales (erróneamente llamados nestorianos) no aceptan el concilio de Éfeso y se aíslan en Mesopotamia y Persia, más allá de los confines del imperio romano. Los siro-occidentales, coptos y armenios no aceptan el concilio de Calcedonia, soportan mal la preponderancia política e intelectual del helenismo bizantino, crean una tradición propia con el uso progresivo de las lenguas nacionales y tienden a la creación de una doble jerarquía, donde los fieles se dividen entre quienes acatan la obediencia calcedoniana (ortodoxos) y anticalcedoniana (llamados monofisitas). A pesar del fraccionamiento de las unidades litúrgicas precedentes, estas familias siguen siendo en un cierto sentido complementarias: conservan caracteres e instituciones comunes, derivadas de una larga experiencia pastoral, de los concilios más antiguos y de las fuentes teológicas de los cuatro primeros siglos. A pesar del desdoblamiento jurisdiccional de los patriarcados de Alejandría y Antioquía, en el plano litúrgico se nota una continuación del influjo antioqueno sobre varias iglesias, fenómeno que se prolonga también en el medievo, cuando el grupo alejandrino-etíope es remodelado bajo el influjo antioqueno. Jerusalén no cesa de contribuir al enriquecimiento o a la reforma de las iglesias armenia, georgiana y constantinopolitana. Constantinopla, prestigiosa capital del imperio romano y guardiana de los concilios, extiende también su influjo más allá de los confines imperiales. Tenemos así, después de los cismas de los siglos V-VI, los siguientes grupos litúrgicos principales:

1. GRUPO SIRO-ORIENTAL.

Desde el 362 se encuentra políticamente bajo el influjo persa; canónicamente autónomo desde el 410 (concilio de Seleucia-Ctesifonte), rechaza el concilio de Éfeso (431). Desde el 484 decide conservar la doctrina de Teodoro de Mopsuestia. Se cierra en un aislamiento eclesiástico respecto del Occidente siro-helénico que dura casi ocho siglos, aunque gracias a su intensa actividad misionera comienza a difundirse en muchos países de Asia. La liturgia conserva rasgos arcaicos.

2. GRUPO ANTICALCEDONIANO.

Está más diversificado, porque está compuesto por siro-occidentales, armenios, coptos y etíopes. Mientras las instituciones y la doctrina reflejan siempre un cierto influjo antioqueno, la liturgia continúa registrando un influjo bizantino, especialmente entre los sirios y los armenios. Tiene rasgos muy originales, que se van identificando progresivamente con la nación.

3. GRUPO CALCEDONIANO.

Comprende el patriarcado de Constantinopla, de Jerusalén (geográficamente circundado por la órbita anticalcedoniana de Siria y Egipto, pero que permanece siempre ortodoxo), y las partes de los patriarcados de Antioquía y Alejandría que se adhieren a Calcedonia. La liturgia sufre profundas transformaciones, las tradiciones locales se atenúan y va tomando cada vez más cuerpo la liturgia bizantina, cuyos orígenes se conocen claramente. Se persigue un calcedonismo muy fuerte, expresado en himnos litúrgicos compuestos por una pléyade de himnógrafos. En el tiempo de la iconoclastia, el ambiente monástico palestinense influye definitivamente en la organización litúrgica bizantina.

IV. LAS FAMILIAS DE LAS ANÁFORAS

Las anáforas usadas por las familias litúrgicas orientales merecen una clasificación aparte, porque el uso práctico no se corresponde con las divisiones territoriales, jurisdiccionales y confesionales. Se da, por ejemplo, el caso de anáforas de estructura antioquena usadas entre los coptos o los etíopes; la anáfora alejandrina de san Marcos, que los coptos llaman anáfora de san Cirilo, en cambio casi ha desaparecido del uso egipcio corriente.

Según los tipos de estructura litúrgica, se aceptan comúnmente tres grupos fundamentales:

1)      tipo antioqueno (anáfora de los X11 apóstoles, de san Juan Crisóstomo, etc.);

2)      tipo siro-oriental (Addai y Mari);

3)      tipo alejandrino (san Marcos).

Existen también otras clasificaciones más discutidas, pero no carentes de argumentos convincentes, como la propuesta por L. Ligier:

1)      anáfora de estructura indiferenciada (Traditio apostolica, Epifanio), donde la celebración-glorificación de Dios y la anamesis no están todavía sepadadas;

2)      anáfora de estructura diferenciada, en la que la celebración divina se ha convertido en una parte distinta que precede al sanctus (XII ,apóstoles, Addai y Mari, san Juan Crisóstomo, san Marcos);

3)      anáfora con anamesis universal de la economía de la salvación entre el sanctus y la narración de la institución (Santiago, san Basilio bizantina, Santiago de Sarug, etc.).

Otra clasificación distingue:

1)      autores no sirios, pseudoepígrafes de los siglos VI-VII (XII apóstoles, san Gregorio Nacianceno, san Cirilo de Jerusalén, etc.) y las originalmente siriacas, pero de autores no sirios (san Juan Crisóstomo, san Marcos, etc.);

2)      autores sirios posteriores al año 1000 y varios pseudoepígrafes posteriores.

La primera clasificación es más fácilmente aceptada por todos.

V. DESCRIPCIÓN DE LOS GRUPOS PARTICULARES

1 . LITURGIA SIRO-ORIENTAL (LLAMADA CALDEA)

La iglesia siro-oriental adquirió rasgos estables en la esfera de influencia de Edesa, foco de la cultura semítica cristiana en lengua siríaca y centro misionero para la propagación de la fe en el imperio persa. La élite cristiana de Persia se formó en la escuela de Edesa, especialmente en el período 363-489, cuando fue capaz de asimilar la doble cultura siria y griega y de familiarizarse con costumbres antioquenas. El influjo de Edesa se siente sobre todo en la himnografía, que es una antigua tradición local, ya ilustrada por los 150 himnos de Bardesano (siglo II) y los de san Efrén, que retoma de ellos el ritmo y la melodía, impregnándoles de una teología rica y profunda. La escasa penetración del helenismo y el alto número de comunidades judías de Mesopotamia, que se cristianizaron parcialmente poco después, integran el rasgo semítico de esta iglesia, que sigue el método de la explicación literal de la Escritura según el antiguo método del Targum y entiende podo el simbolismo teológico seguido entre los siro-occidentales.

La codificación litúrgica tiene lugar en tres etapas fundamentales, ligadas a los nombres de importantes katholikoi:

1) 'Isho 'yab Ill (650-658): el rito del bautismo se simplifica y se adapta al bautismo de los niños, el catecumenado casi queda abolido. Isho'yab tiene predilección por el ritmo litúrgico septenario, que lleva a una transformación en la anáfora y a una organización del año litúrgico en series de siete semanas. Bajo su nombre se transmite el Hudrá, colección de oficios para los domingos del año, las fiestas y los días del ayuno de Nínive. Su reforma fija el orden de la salmodia y de los himnos para las vísperas, la oración matutina y las vigilias festivas. Entre los versos sálmicos se insertan estribillos (Qanona). El salterio se divide en 70 secciones (marmitha) o 20 hullale. Los oficios se extienden con la repetición de las respuestas (onitha).

2) Elia II Abu Halim al Haditi (1176-1190) enriquece el ya abundante género de las oraciones de origen eclesiástico, como la proclamación (karozutha, invocación diaconal que se remonta al siglo V, teológicamente rica) con una colección de oraciones sacerdotales integradas, bien en cada salmo o bien en cada marmitha al final de la vigilia o al principio del matutino.

3) Yahballaha (1190-1213), compilador del tesoro (Gazza), colección de himnos y antífonas para los nocturnos de las fiestas.

Los principales libros litúrgicos son:

1) Hudrâ (ciclo), con las composiciones más antiguas para todos los oficios festivos;

2) Gazza (tesoro), colección de composiciones poéticas de Lelya (nocturno) para las fiestas y las memorias de los santos;

3) Kashkull (contiene todo): a diferencia del Hudrâ, que da sólo el principio de los textos festivos, éste contiene todo el texto ferial;

4) Warda (rosa), antología poética de antífonas ('onitha), atribuida al poeta Jorge Warda († 1300);

5) Abu Halim, oraciones de la mañana (Sapra), composición del homónimo katholikos;

6) Ktaba da-qdam wa-d-balar (libro de antes y después), ciclo que inicia el domingo de pascua con el propio del oficio durante semanas enteras, respetando la alternancia de domingos pares e impares;

7) Tres leccionarios: Leccionario para el AT , Epistolario, Evangeliario para la eucaristía;

8) Naqpayatha d-rase (suplemento de los misterios), cantos del propio eucarístico.

El año litúrgico comprende nueve tiempos:

1) Anunciación (Subbara), cuatro domingos comenzando por el cuarto antes de navidad;

2) Epifanía (Denha), dura de cuatro a nueve semanas, desde el 6 de enero; y Rogación de Nínive, precuaresma de veinte días;

3) Cuaresma (Sawma), cuarenta y un días de ayuno;

4) Resurrección (Qyamta), siete domingos, desde pascua a pentecostés;

5) Apóstoles (Shlihe), ayuno de siete domingos comenzando desde pentecostés;

6) Verano (Qayta), período penitencial, desde el domingo séptimo después de pentecostés;

7) Elías (Eliyya), período variable de ayuno de seis-siete domingos, que empieza el séptimo domingo después del séptimo de pentecostés;

8) Moisés (Moshe), período penitencial variable de unas cuatro semanas, que comienza el séptimo domingo después del primer domingo de Elías;

9) Dedicación (Quddash), período de cuatro domingos, desde el octavo antes de navidad hasta el cuarto, en que comienza el tiempo de la anunciación.

Las anáforas usadas son las de los apóstoles; después, desde el siglo VII en adelante, las llamadas de Teodoro de Mopsuestia y de Nestorio, todas ellas remodeladas. Las lecturas bíblicas, originariamente oficio independiente, se unen a la eucaristía y son cuatro (dos del AT, san Pablo, evangelio).

La iglesia sito-oriental se unió a la de Roma en diversos períodos (1445, 1553 - 70 bajo Abdisho, 1662, 1672, 1778). Actualmente su cabeza lleva el título de patriarca, mientras que sólo una parte muy reducida y dispersa ha permanecido autónoma. Después de la unión con Roma, a siro-orientales unidos a Roma se llama caldeos; han aceptado varias costumbres latinas, como el bautismo por aspersión, la fórmula latina de la confirmación y reconciliación y el rito romano de unción los enfermos. Bajo el patriarca Ebedjesus (1894 - 99) recuperaron las antiguas fórmulas para la bendición myron.

También en la actual situación de latinización, la liturgia siro-oriental se caracteriza por sus rasgos arcaicos, una notable sobriedad, el simbolismo de los tres tiempos de oración (tarde, noche, mañana) y la doctrina mariana preefesina. Al haber vivido desde tiempos inmemoriales como una minoría perseguida, primero por los persas, después por árabes y los mongoles, muchas oraciones reflejan un sentido agudo de humilde temor, de penitencia y de espera del día del Señor; se recuerdan constantemente, mucho más que en otras liturgias, los numerosos mártires de la propia historia en las Qale llamadas de los mártires, cantados como los santos predilectos.

2. LA LITURGIA SIRO-MALABAR

Creada originariamente por misioneros siro-orientales dependientes de la iglesia de Seleucia, en Persia bajo la guía de un obispo-metropolita llamado de la sede de santo Tomás y de toda la iglesia de los cristianos de la India, permanece fiel a las costumbres siro-orientales hasta la llegada de los portugueses a comienzos del siglo XVI. Éstos los consideraron en seguida como católicos, establecieron sin esfuerzo la communicatio in sacris y los sometieron al arzobispo de Goa. El sínodo de Diamper (1599), convocado por los portugueses, creó una verdadera mezcla de ritos, acabando con los viejos libros litúrgicos de tradición siria e imponiendo un ritual portugués traducido al sirio. El Pontifical Romano permaneció en uso hasta el 1962, cuando se introdujo el caldeo. La latinización ha alcanzado un grado muy alto: paramentos y utensilios latinos, actitudes en la oración, pan ácimo y comunión de los fieles bajo una sola especie, inserciones latinas en la anáfora de los apóstoles, Addai y Mari y obligación de recitar privadamente el oficio para los clérigos. En la liturgia se usa la lengua local, el malayalam. Actualmente hay en curso una interesante reforma litúrgica.

3. LA LITURGIA SIRO-OCCIDENTAL

Se llama a esta liturgia a veces, jacobita, de Santiago Baradai, obispo de Edesa (†578); es común a la iglesia siro-ortodoxa y a su filiación moderna siro-católica; pero también a la iglesia siro-maronita, que forma una rama independiente con originalidades propias. Su origen se remonta a un fondo siro-palestinense primitivo, con fuerte influjo jerosolimitano (anáfora de Santiago), completado por un desarrollo que se creó en la época de las luchas cristológicas de los siglos V-VI y de los cismas consiguientes.

Severo de Antioquía, durante su breve patriarcado (512-518), codificó varios usos litúrgicos. Dedicó mucha atención a la poesía litúrgica; tanto sus 125 predicaciones catedralicias como su biografía, escrita por Juan Bar Aphtonia, muestran su interés por el pueblo de Antioquía, amante de la música, de las procesiones y del canto, hasta el punto de convertirse él mismo en compositor de himnos contenidos en el Octoechos sirio.

Por lo demás, la preeminencia de la himnodia es una característica típica de la liturgia antioquena, que practicaba desde los tiempos de san Efrén el género de las homilías (mamre) y de las instrucciones (madrashe) en forma de catequesis rítmica. Las obras atribuidas a Severo de Antioquía son recogidas y traducidas al siríaco un siglo después por Pablo de Edesa (619 - 624). La tradición le atribuye también himnos en forma dialogada (sogyatha).

La iglesia de Siria ha dado otros nombres célebres de la poesía teológica y litúrgica como Santiago de Sarug (451 - 521), del que no se sabe exactamente si se adhirió a la corriente monofisita. Los sirios lo veneran profundamente como "flauta del Espíritu Santo y arpa de la iglesia ortodoxa", y sus himnos son reivindicados también por los siro-orientales (caldeos), los maronitas y los melkitas. Son particularmente famosos sus himnos marianos, que han acentuado la veneración por la Madre de Dios, conmemorada en cada oficio.

Un discípulo suyo, Simeón Qutaya (el alfarero), enriqueció extraordinariamente el oficio siro-occidental con himnos (que se reencuentran en parte también entre los siro-orientales); su estilo entusiasta y expresivo ensombreció un poco los himnos más sobrios del Octoechos de Severo.

El año litúrgico se divide en nueve períodos:
1) Período inicial, desde el domingo de la dedicación u octavo antes de navidad;
2) Tiempo de la anunciación (Suboro);
3) Tiempo de navidad a epifanía
4) Tiempo de epifanía (Denho), desde el 6 de enero a la precuaresma
5) Tiempo precuaresmal, con tres domingos. En la primera semana se hace el ayuno de Nínive; 6) Cuaresma, con seis domingos;
7) Tiempo de pascua a pentecostés, con siete semanas
8) Tiempo de pentecostés a la exaltación de la santa Cruz, dividido en dos ciclos: a) domingos de los apóstoles, b) domingos del verano;
9) De la exaltación de la santa Cruz ala dedicación.

Los principales libros litúrgicos son:
1) el libro de las anáforas (Ktobo d’annafuras), que contiene sólo las oraciones recitadas por el sacerdote comprendido el sedro;
2) diaconal, con las órdenes, las amonestaciones, letanías diaconales de la fracción del pan y respuestas del pueblo;
3) ‘Atiqto (el antiguo), para las lecturas tomadas del AT;
4) Shlîho (Apóstol), para las perícopas paulinas, dividido en tres ciclos: a) domingos y fiestas móviles, b) fiestas fijas, c) para los días sin memoria de los santos
5) Evangeliario, dividido como el Apóstol;
6) la riquísima colección de himnos litúrgicos, contenida antiguamente en el Beth Gazo (tesoro), se conserva hoy principalmente en el Fanqîto, que contiene siete volúmenes con los oficios festivos, y en el Shehimo (simple, común), con los oficios semanales. A éstos hay que añadir: 7) el salterio;
8) el hyssoye, con los sedros sacerdotales;
9) el homiliario, del que se leen a veces largos párrafos.

La anáfora más típica y más usada es la llamada de Santiago. La lengua original de las anáforas es el griego; sólo después de los siglos VI - VII se tradujeron al siríaco. Los misales actuales contienen entre 7 y 12 anáforas de estructura similar: doxología del Trisaghion, anamnesis de la historia de la salvación con la narración de la institución, epíclesis y grandes intercesiones, divididas en seis cánones: por los padres de la jerarquía, los hermanos, los reyes, los santos, los padres y los maestros, los difuntos. Las anáforas siríacas conocidas son más de 70, todas diversas entre sí incluso en el texto de la narración de la institución. Las lecturas bíblicas son seis (tres del AT, una de los Hechos o epíst. cat., una epístola paulina, evangelio).

La liturgia siro-occidental se caracteriza también por el uso del sedro (orden), un formulario sacerdotal de origen sinagogal (de cierto parecido con las 18 bendiciones), compuesto, en prosa, de un proemio y de un sedro propiamente dicho, es decir, amonestación de naturaleza homilética llena de pensamientos bíblicos y referencias a la fiesta celebrada, al domingo, etc. Se puede añadir a esto un himno para el incienso (Qolo) y una petición por lo agradable del perfume (etro); originariamente, el sedro era una fórmula para la ofrenda vespertina y matutina del incienso. Cada domingo y fiesta tienen siempre un sedro propio para cada hora del oficio y la liturgia eucarística. La colección más antigua tiene 16, y posteriormente se han compuesto a centenares.

El desarrollo, la codificación y el complemento de los ritos se ha servido de una profunda teología litúrgico-sacramental contenida en las obras de los doctores sirios, autores de explicaciones mistagógicas y de ensayos teológico-litúrgicos: Jorge, obispo de los árabes ( † 724), autor de una explicación de los misterios la iglesia; Moisés Bar Kefa (815 - 903) comentó los misterios principales; Dionisio Bar Salibi († 1171), sumo representante del renacimiento literario sirio en el siglo XII, conocido como exegeta, pero autor de numerosos himnos eclesiásticos y tratados de teología litúrgica, entre los que destaca un comentario a la liturgia Eucarística (CSCO, 2.a serie 93, París 1903); Santiago Bar Shokko († 1241), autor del libro de los tesoros; Gregorio Bar Hebraeus (1226 - 1286), en su Candelabro del Santuario, comenta la liturgia de los sacramentos.

La liturgia siro-occidental es extraordinariamente rica en composiciones poéticas y eucologías (anáforas, sedros). La himnografía, la teología, la espiritualidad monástica han enriquecido en distintos tiempos el extenso patrimonio literario siríaco. Los ritos se conciben fundamentalmente como misterios, es decir, como simbolismos misteriosos de un mundo superior, y son en esto diferentes del sobrio minimalismo de los siro-orientales. El papel del Espíritu Santo se subraya con fuerza, hasta el punto de que Severo de Antioquía considera los sacramentos, las imposiciones de las manos y la consagración monástica como comunicación del Espíritu. Las ceremonias y la materia creada son portadoras de un significado pneumático y de una eficacia misteriosa y, aunque bajo el velo del misterio, conectan con la fe y la tradición apostólica; no raramente los autores (Moisés Bar Kefa, Juan de Mardin, † 1165) se esfuerzan por demostrar la institución divina o apostólica de ciertos usos. Por medio de los misterios y del sacerdocio, dice Bar Hebraeus, los hombres son conducidos de las costumbres animales a las de los ángeles. Se subraya el valor objetivo de los misterios, independientemente de los esfuerzos humanos.

La iglesia siro-occidental está hoy dividida entre siro-ortodoxos (mayoría) y siro-católicos. En la India del Sur existe desde el siglo XVII una iglesia siro-ortodoxa, de la que ha surgido una rama unida a Roma en 1932, llamada iglesia siro-malankar.

4. LA LITURGIA MARONITA

La iglesia maronita, una rama autónoma de la antioquena, se formó en torno al monasterio de Qala'at alMadiq o de san Marón en el alto valle del Orontes, cerca de Apamea. Desde 1216 los maronitas están en comunión con la iglesia romana, que entró en contacto con ellos en tiempo de las cruzadas. Es imposible distinguir las particularidades litúrgicas maronitas antes del siglo XII. En el siglo XIII comienza una corriente de fuerte latinización, que aumenta con la fundación del colegio maronita en Roma (1584) y por obra de los delegados papales, el más intolerante de los cuales fue Eliano (quema de libros litúrgicos). La cumbre de la asimilación de la liturgia maronita a la romana se alcanzó con el sínodo del Monte Líbano (1736). Sólo el ritual de 1942 muestra un retorno de los maronitas a su tradición antioquena.

A pesar de la menor latinización de la misa y del oficio respecto al resto, la arquitectura de la iglesia ha cambiado, hasta el punto de que los muros de separación delante del altar han desaparecido; el pan eucarístico es ázimo; los sacerdotes ya no llevan el phaino (paenula), sino la casulla latina; el crisma se confecciona con una simple mezcla de aceite y bálsamo, al modo latino; desde el siglo XVIII se ha impuesto una extraña anáfora, que reelabora curiosamente el canon romano, y se la llama anáfora de la iglesia romana, mientras que en 1592 desapareció la llamada tercera anáfora de san Pedro, emparentada con la de Addai y Mari, tan antigua y característica.

Las diversas anáforas de los misales maronitas son comunes con las siro-occidentales. El comienzo de la misa presenta variantes derivadas del matutino. En la celebración de los sacramentos en general se han multiplicado los signos de la cruz las incensaciones y las unciones. El canto popular ha enriquecido con varias piezas (Sûghito) el repertorio litúrgico.

El oficio, respecto al siro-occidental, está simplificado y ofrece menos textos variables para los diversos tiempos litúrgicos; el ordinario del breviario (Sh’ himto) es hoy sólo un libro de lectura espiritual y ha sido sustituido por un breviario ferial mucho más sobrio. Después del Concilio Vaticano II se ha introducido aquí y allá la celebración de cara al pueblo y la misa dialogada en contradicción con la mas antigua costumbre.

A pesar de la mezcla de costumbres sirias y latinas, la liturgia maronita lleva una simpática impronta de piedad y popularidad, expresión de una vida comunitaria sufrida, plena de fe simple. La lengua litúrgica es el árabe, aunque permanecen ciertas partes en siríaco. La reforma litúrgica está en curso.

5. LA LITURGIA COPTA

La liturgia alejandrina del primer milenio ofrece pocos documentos y es mal conocida. La oposición a Bizancio, la entrada en la órbita anticalcedoniana, la invasión árabe, el influjo preponderante del elemento monástico y estrechas relaciones teológico-institucionales delimitan el área de desarrollo litúrgico del Egipto cristiano. Los cristianos de la iglesia alejandrina, después de la invasión musulmana (639 - 642), se han venido llamando coptos, por la pronunciación árabe corrompida de aigyptios (egipcio), convertido después en qibti, qubti.

La lengua litúrgica originaria era el griego; después de las controversias calcedonianas, la lengua popular se hace literaria y se desarrolla sobre todo a costa del griego. En el ámbito monástico, la liturgia se celebra también en griego durante muchos siglos; sin embargo, es en este ambiente donde se originan las traducciones del griego al copto y esos numerosos himnos (psali), cantos a María (theotokia), odas, antífonas y doxologías que acompañan la liturgia en griego. El copto se mantiene como única lengua litúrgica hasta el medievo (está en uso todavía hoy); pero al comienzo del segundo milenio se impone como lengua hablada el árabe, que suplanta gradualmente al copto.

Entre los siglos X-XIII florece en Egipto una importante literatura árabocristiana (los tres Asálidos). De los dos principales dialectos coptos, el sahídico (en el Sur) y el bohárico (en el Delta), prevalece en la liturgia este último gracias a la aportación de los monjes del desierto occidental (san Macario, en Wadi n-Natrun). Por tanto, la antigua liturgia ciudadana de una Alejandría megalópolis, culta y cosmopolita, se convierte en esta coyuntura en una liturgia cada vez más copta, es decir, expresión nacionalista de la vida religiosa del pueblo. El influjo de los sirios ha sido notable, y ha acontecido al menos en tres etapas: en el siglo IV, en el momento de la conquista islámica, bajo el patriarca Benjamín (626 - 665), y en la reorganización eclesiástica de los siglos XII y XIII, sobre todo bajo el patriarca Gabriel II Ibn Turaik (1131 - 1145), al que se atribuye el ordenamiento del Libro pascual. La obra enciclopédica Lámpara de la oscuridad, de Abul-Barakat (comienzos del siglo XIV), contiene preciosas descripciones de las corrientes litúrgicas y de las costumbres locales, ilustrándolas con preciosos, aunque poco seguros, datos históricos. En el siglo XV, bajo el patriarca Gabriel V, se redactan definitivamente los rituales de los sacramentos y de las bendiciones. Las excelentes ediciones romanas de R. Tukit (siglo XVIII) y las actuales reproducen textos de esta última reforma.

Libros litúrgicos principales:

1) Eucologio, ordinario de la liturgia eucarística, matutino, oficio vespertino del incienso, varios oficios cantos propios de ciertas fiestas;

2) Diaconal, partes variables para el diácono y el pueblo;

3) Leccionario (Katameros), dividido en tres partes:

                    a. Katameros anual, en cuatro volúmenes, lecturas para las ferias, domingos, fiestas y santos del año;

                    b. Katameros de cuaresma, en dos volúmenes;

                    c. Katameros de Khamasin, para el tiempo de pascua a pentecostés;

4) Synaxario, un martirologio que se lee en la liturgia eucarística después de los Hechos de los Apóstoles para indicar la continuación de la historia de la salvación. Cuando no se celebra la eucaristía, se lee en el oficio vespertino del incienso;

5) Tasafir, interpretación de las lecturas de la eucaristía, se usatambién en el oficio;

6) Al-Mawá'iz, antología de homilías patrísticas;

7) Al-Hutab, discursos en árabe, para ser leídos antes del evangelio;

8) AlMayamir, homilías en árabe, con los hechos de las fiestas en estilo popular, usado en el oficio del incienso;

9) Sirah, biografías de santos leídas después de las mayamir con ocasión de las peregrinaciones y las fiestas patronales;

10) Al-Tamagid, doxologías en honor de los santos y de los ángeles;

11) Cánticos para distintas ocasiones y tiempos litúrgicos, que se cantan durante la comunión;

12)  Orden procesional, parados fiestas de la cruz y el domingo de ramos; 13) Horologion para siete horas canónicas;

13) Salmodia anual, con las cuatro alabanzas y siete theotokia cotidianos y doxologías para el santoral;

14) Salmodia de Khoiak, oficios para el mes antes de navidad consagrado a la Madre de Dios;

15) Menologio (Difnar), breve información sobre las fiestas, con elogio del santo del día;

16) Libro de los cantos, himnos de la oración vespertina o nocturna de ciertas fiestas;

17) Orden para Laqqán (pila), es decir, para la bendición del agua (epifanía, jueves santo, santos Pedro y Pablo) y para Sagdah (genuflexión de pentecostés);

18) Guía para la semana santa, comenzando desde el sábado antes de ramos (sábado de Lázaro);

19) Libro de la santa pascua, leccionario para la semana santa;

20) Libro de las glosas, con reflexiones sobre los evangelios y horas de la semana santa.

El año litúrgico es muy particular a causa del calendario, calculado a partir del 29 de agosto de 284 d.C., comienzo del reinado de Diocleciano y, para los coptos, de la era de los mártires. Los trescientos sesenta y cinco días se dividen en trece meses: doce meses de treinta días y un mes final de cinco días (seis en los años bisiestos). Los nombres de los trece meses en copto (árabe entre paréntesis) son:

1)      Thôut (Tût), 11 septiembre-10 octubre;

2)      Paopi (Bâbah), 11 octubre-9 noviembre;

3)      Athôr (Hâtûr), 10 noviembre-9 diciembre;

4)      Khoiak (Kîhak), 10 diciembre-8 enero;

5)      Tôbi (Tubah), 9 enero-8 febrero;

6)      Mekhir (Amshir), 9 febrero-9 marzo;

7)      Phamenôth (Baramhât), 10 marzo-8 abril;

8)      Pharmouthi (Baramûdah), 9 abril-8 mayo;

9)      Pakhôn (Bashuns), 9 mayo-7 junio; 10) Paôni (Ba’ûnah) 8 junio-7 julio; 11) Epêp (Abîb), 8 julio-6 agosto; 12) Mesori (Misrâ), 7 agosto-5 septiembre;

10)  Pikougi Enabot (Khamsat Ayâm an-Nasi), 6 septiembre - 10 septiembre.

Se distinguen tres estaciones litúrgicas en relación con la vida agrícola y las inundaciones del Nilo, que incluyen oraciones especiales para la crecida y la recolección:

1)      la inundación (nîlî, Nilo) de ciento veinticuatro días, 19 junio-19 octubre;

2)      2) la siembra (shetwii invierno), de noventa y un días, 20 octubre-18 enero 3) la recolección (sêfi, verano), de ciento cincuenta y un días, 19 enero-18 junio.

La semana comienza el sábado por la tarde; los días están divididos en dos grupos:

1)      Adam, de domingo a martes;

2)      2) Watos, de miércoles a sábado. Los dos nombres Adam y Watos son la primera palabra de los theotokia del lunes y del jueves.

Los ayunos son importantes y observados realmente:

1)    de Navidad, de cuarenta y tres días (25 noviembre-enero);

2)    de Jonás o de Ninive, tres días antes de la septuagésima latina;

3)    de Heraclio, desde el lunes al sábado de la octava semana antes de pascua;

4)    Cuaresma, de siete semanas;

5)    de los Apóstoles, varía de quince a cuarenta y nueve días;

6)    de la Dormición, de quince días, del 7 al 22 de agosto. Hay que añadir los miércoles y los viernes de todo el año. El ayuno excluye carne y derivados de la leche. El pescado tampoco se consume en algunas grandes vigilias, en la cuaresma y en el ayuno de Jonás.

La celebración eucarística es larga y sobria. El altar tiene forma de arca; el santuario (Heikal) está rígidamente separado por una pared divisoria (Higab), con pocos iconos, delante de la cual hay un lugar bien separado para el coro. La confección del pan eucarístico tiene lugar la tarde anterior, durante un meticuloso oficio apropiado. Al comienzo de la liturgia se hace una procesión con los dones en torno al altar. Muchas exclamaciones están en griego, más que entre los siro-occidentales. Encontramos una doble epíclesis; la primera de ellas implora el cambio de los dones y se subraya por medio de repetidos signos de la cruz sobre las especies. Las lecturas son cuatro. El evangelio se lee siempre en copto y en árabe. Después de una larga letanía comienza la anáfora. En la práctica se usan tres anáforas: la más frecuente es la copta de san Basilio (sobria reducción del texto griego); la de san Gregorio Nacianceno se usa en las grandes fiestas del Señor y, contrariamente al uso paleocristrano, no se dirige a Dios Padre, sino a Cristo; la anáfora de san Cirilo es sustancialmente la antigua anáfora alejandrina de san Marcos (largas intercesiones antes del sanctus, doble epíclesis antes y después de la narración de la institución, sanctus sin hosanna; las invocaciones diaconales son escasamente litánicas), pero a causa de su larga duración casi ha caído en desuso. Otras doce anáforas han desaparecido del uso. Después de la absolución del Padre, las especies de la comunión se distribuyen separadamente con la fórmula de tipo realista: "El cuerpo (la sangre) del Emmanuel, nuestro Dios, es esto en verdad. ¡Amén!" Los vasos sagrados se purifican escrupulosamente con agua. Al final el pueblo exclama: "¡Amén! ¡Que suceda durante cien años!".

En los días de la celebración eucarística se hace el rito del incienso, distinto del oficio. Las horas se practican en los monasterios y contienen una rica salmodia. Cada hora tiene doce salmos, una lectura y un evangelio. En vísperas, en el oficio nocturno y en el matutino se añaden himnos de diversos géneros (troparios, theotokia, doxologías, alabanzas de los santos) y cánticos bíblicos. El ciclo de las horas y el de los salmos corren recíprocamente paralelos, según una subdivisión puramente monástica.

Los coptos constituyen hoy en día la más numerosa comunidad cristiana en un país islámico (al menos seis millones). La liturgia, larga y rica, es cada vez más seguida, gracias a un impresionante movimiento de renovación, que partió del ambiente monástico. En las numerosísimas escuelas dominicales (Sunday Schools) se estudian los ritos y se vuelve a aprender el copto litúrgico. La predicación está ampliamente difundida, y se inspira con frecuencia en los temas de la liturgia. La participación, tal como la entiende un occidental, es un rasgo sobresaliente, tanto de la tradición corno de la renovación copta, gracias a la cantidad de cantos y gestos comunes. El pueblo gusta mucho de las procesiones, especialmente las de la santa Cruz (que se encuentra por todas partes: incluso en forma de tatuaje en las muñecas y la frente); el ayuno extraordinario de Heraclio recuerda el hallazgo de la santa Cruz, cuando Heraclio reconquistó Jerusalén a los persas (614). La veneración a la Madre de Dios alcanza auténticas cimas de entusiasmo en los gestos y en las costumbres; el calendario tiene treinta y dos fiestas de María; el mes de Khoiak, antes de navidad, implica el canto público de numerosos theotokia, de poesía fascinante y llena de sabor bíblico según el gusto siríaco. Aunque el canto es monótono y prolongado, el carácter egipcio, piadoso y paciente, aprecia la actitud de escucha. El gusto por la audición es sin duda un rasgo típico de los coptos; en el curso de la semana santa hay muchísimas lecturas, hasta el punto de que se leen los cuatro evangelios completos. Las ceremonias son sobrias, con ritos externos moderados, en los que se siente la influencia de un monacato omnipotente y auténtico. Se usan instrumentos de percusión para acompañar rítmicamente el canto (címbalos, triángulo).

Desde 1895 existe también un patriarcado copto católico, muy reducido numéricamente, con la liturgia notablemente abreviada.

6. LA LITURGIA ETÍOPE

Los orígenes de la liturgia etíope son casi completamente desconocidos. El cristianismo llegó en el siglo IV al antiguo reino de Axum y tomó cuerpo gracias a misioneros coptos y sirios (Frumencio o Abba Salam). Aunque está bajo la jurisdicción directa del patriarcado copto de Alejandría (en 1951, el primer arzobispo etíope; en 1959, el primer patriarca-katholikos etíope), la liturgia no es puramente copta, a causa del influjo de los misioneros provenientes del imperio bizantino (los nueve santos romanos de Siria o del Asia Menor, hacia el 500); no faltan influjos jerosolimitanos, e incluso armenios.

La mayor parte de los documentos litúrgicos antiguos fueron destruidos por el rey Anida-Sion (1314 - 1344), y el resto se perdieron durante la invasión islámica de Ahmad-Ibn-Ibrặhimal Gặzis (1531 - 1543). La lengua litúrgica es el ge'ez de origen sud-arábico, que en la época moderna se subdivide en dos dialectos principales: amhara y tigrinia; en el ambiente de ciudad se comienza a usar tímidamente el amhárico. La organización de la liturgia actual se sitúa entre los siglos XIV-XVI, cuando se introdujeron numerosas costumbres inspiradas en el judaísmo y en el AT (en Etiopía existe una antigua y numerosa colonia de hebreos falashá). Era también el tiempo de las grandes invasiones islámicas: la Etiopía cristiana fue rodeada por sultanatos. Los Negus comenzaron a revalorizar el mito de la dinastía salomónica y a llevar el sobrenombre de la casa de Israel. Se introdujo la procesión con el arca de la alianza con siete vueltas en torno a la iglesia, al son bíblico de los címbalos; las fiestas de los santos del AT; la práctica de la circuncisión antes del bautismo. El tipo arquitectónico de la iglesia etíope es de planta central y recuerda el santo sepulcro o la mezquita de la roca de Jerusalén; en el centro hay un templete con el altar (maqdas), donde reposa un tabernáculo (tabot) que recuerda el arca de la alianza.

Los libros litúrgicos principales, producto de la reforma litúrgica del 500-600, son:

7)      Misal (Mets'hafe Qe'ddase), dividido en:

a)      16-20 anáforas;

b)      eucaristía (Zemmare);

8)      Manual de la penitencia (Mets'hafe Nuzaze);

9)      Manual del matrimonio (Mets hafe Taklil);

10)  Manual para la unción de los enfermos (Mets-hale Qandil);

11)  Deggwa, conjunto de cuatro antifonarios (salmodia, cuaresma, fiestas, común) con textos bíblicos y cantos varios, compilado en el s. xv, revisado en los ss. xvi y xv» y todavía hoy objeto de investigaciones;

12)  Antifonario cuaresmal (Tsomedeggwa);

13)  Mawặseet, antifonario para más de 50 fiestas, pero de uso más raro;

14)  Oficio común (Me'eraf);

15)  Sínodos, elenco de las fiestas de los santos. Hay otros libros para los sacramentos y libros paralitúrgicos usados en los monasterios o para devociones especiales, como Argặmone Weddase (arpa de la alabanza), vasto oficio mariano de 1440, con siete lecturas para los siete días de la semana, basado en la biblia y en apócrifos; o como Gebra Hemamat (actos de la pasión), leccionario para el tiempo de ramos a pascua, traducido del árabe al ge'ez.

El calendario sigue el copio-juliano,con trece meses:

1)      Maskaram (29 agosto-27 septiembre); 2) Tegamt (28 septiembre-27 octubre);

2)      Hedor (28 octubre-26 noviembre);

3)      Tâhsâsh (27 noviembre-26 diciembre);

4)      Ter (27 diciembre-25 enero);

5)      Yuk atît (26 enero-24 febrero);

6)      Maâbit (25 febrero-26 marzo);

7)      Miyâzyâ (27 marzo-25 abril);

8)      Genbot (26 abril-25 mayo);

9)      Sanê (26 mayo-24 junio);

10)  Hamiê (25 junio-24 julio);

11)  Nahâse (25 julio23 agosto);

12)  Pâguemên (24-28 agosto).

Fiestas del Señor: nueve principales y seis secundarias (exaltación de la santa Cruz, circuncisión, multiplicación de los panes, fiesta de Simeón-presentación, invención de la santa Cruz, venida de Jesús a Egipto).

Las fiestas marianas tienen cinco categorías:

1)      vida de Mario (presentación, dormición, natividad concepción);

2)      títulos de María (María del Monte Sión, María madre de la misericordia);

3)      milagros de María (milagro de la imagen de Saidnaya, en Siria; aparición asan Ildefonso de Toledo, aparición en Egipto o fiesta de las mujeres);

4)      santuarios marianos (Debra Quesguam, dedicación de la fiesta de la cavidad o fuente milagrosa, brotada a la vuelta de Jesús de Egipto, conmemoración de toda las iglesias de María en Tierra santa);

5)      conmemoración de todas las iglesias marianas. Existen también fiestas de santos y conmemoraciones mensuales (cuatro del Señor, seis de la Madre de Dios, siete de los santos).

Los tiempos litúrgicos fijos son 19, algunos de breve duración y de nombres sugestivos (por ejemplo, construcción del templo de Jerusalén, descenso o llegada, luz, nube, rocío, ojo de todo, aurora). El ciclo móvil comienza con el ayuno de Cristo (soma Krestos), de cincuenta y cinco días, es decir, seis días de ayuno de Heraclio y seis semanas de cuaresma. Los domingos de cuaresma se llaman:
1) del santo (enseñanza sobre el reposo sabático);
2) del templo (enseñanza de Jesús en el templo);
3) del paralítico (milagros de la piscina probática y paralelos);
4) del monte de los Olivos (discurso escatológico de Mt
. 24);
5) del siervo fiel (parábola de Mt
. 25,14 - 30); 6) de Nicodemo (Jn 3,1 - 22).

Para la celebración eucarística se conocen 20 anáforas; pero sólo se usan 14, y han sido publicadas en inglés Algunas son de origen sirio, introducidas probablemente por los monjes sirios de Egipto; dos son una reelaboración de la Traditio apostolica y del Testamentum Domini. Todas las anáforas en la actual praxis están precedidas por un oficio largo y complicado (preanáfora), típico de la tradición etíope: recitaciones de seis salmos, oraciones de purificación para los celebrantes y vasos sagrados, larga oración de absolución, prótesis de los dones. Con la enarxis (comienzo) sigue la liturgia de los catecúmenos, con repetidas incensaciones y letanías; Trisagion, cuatro lecturas (epístolas paulinas, epístolas católicas, Hechos, evangelio). La ceremonia del evangelio es particularmente movida: solemne procesión de los ministros con el evangeliario, diálogo de los ministros entre sí en alabanza de la Trinidad por el don del evangelio, bendición de los cuatro puntos cardinales con el libro, canto del evangelio; al final, veneración del evangeliario por parte de todos. Siguen letanías, una larga fórmula de credo, lavatorio, beso de la paz y anáfora. Las palabras de la institución y de la epíclesis son diversas en cada anáfora. Para celebrar son absolutamente necesarios tres sacerdotes y dos diáconos, por lo que el clero etiópico es numerosísimo.

Es del todo característico el uso de dos anáforas marianas: una común, llamada de Abba Giyorgis, y otra especial, llamada Qirqos o Ciriaco de Bahnesặ, que comienza con las palabras dulce perfume. Criterios literarios internos (lengua, pasajes en versos poéticos) hacen pensar que estas anáforas son una creación exclusivamente etíope, fruto de una teología tardía, que intenta de un modo audaz asociar a María al sacrificio de Cristo. Sus raíces espirituales deben buscarse en el amor por la tipología bíblica, en los apócrifos y en el influjo del monacato. La literatura mariana litúrgica y paralitúrgica es incomparablemente abundante y rica, aunque no muy conocida. La popularidad de Mario entre los fieles viene sin duda de la liturgia. El pueblo se saluda con expresiones litúrgicas como ¡María te ama! En el oficio cotidiano hay una larga parte ocupada por los Salặm (paz), himnos de saludo a María.

La liturgia etíope, nacida de un tronco mixto alejandrino-sirio-jerosolimitano, es exquisitamente popular y africana (uso del sonido rítmico del tambor, del Bistro, de la danza sagrada). Tiene una urgente necesidad de ser reformada. El emperador Hailé Selassié comenzó a imponer una reforma, interrumpida de momento por la caída de la monarquía.

Hay en curso una reanudación, en medio de difíciles condiciones socioculturales. Sin embargo, esta liturgia sigue siendo un ejemplo de cómo un rito oriental, trasplantado al contexto cultural africano, puede desarrollarse con rasgos de genio autóctono.

Una rama etíope-católica, numéricamente débil, se remonta a las misiones italianas del siglo XIX.

7. LA LITURGIA ARMENIA

El cristianismo llegó muy pronto al pueblo armenio, quizá ya en el siglo I y, gracias a los esfuerzos misioneros de san Gregorio el iluminador, llegó a ser religión de estado todavía antes que en el imperio romano, bajo el rey Trdat (301). Los influjos misioneros cristianos venían inicialmente del 0sroene de Siria y de Capadocia, después de Jerusalén y de Constantinopla. La creación de un alfabeto armenio por parte de Mashtoz Mesrop (407) favorece en seguida, gracias a numerosas traducciones, la formación de una tradición litúrgica propia, ecuménicamente abierta al influjo de otras iglesias. El escrito más antiguo de la liturgia de Jerusalén que poseemos es la traducción armenia del siglo V de un leccionario aguiopolita griego, conocido con el nombre de Leccionario Armenio de Jerusalén.

Este pueblo, dividido entre el imperio romano y el persa, entra con una liturgia ya formada en el movimiento monofisita (sínodos de Dvin del 502 - 507, 552, 647); en el 600 se separa de la iglesia vecina de Georgia, que queda en la órbita bizantina; después va siendo sometido poco a poco por los turcos saléucidas, los árabes, los persas y, finalmente, por los turcos otomanos. En el tiempo de las cruzadas, el reino armenio de Cilicia (1080-1375) entra en contacto con la liturgia de los francos, de la que tomó muchas costumbres (Dominicos y Hermanos de la Unión). Después de un período de unión con Roma (1198) y la aceptación pasajera de los siete concilios ecuménicos, el influjo occidental, tanto griego como latino, disminuye gradualmente. En el concilio de Florencia (1439), la iglesia armenia está representada por una delegación. Un patriarcado armenio-católico minoritario existe tan sólo desde 1742. Los centros difusores de la liturgia han sido las sedes históricas de los katholikoi (Vagharshapat, s. Iv Dvin, 484; Aghtamar, en el lago de Van, 930; Sis de Cilicia, 1294; Edgimiadzin, 1441) y los monasterios (cerca de 2.000 es la época de mayor florecimiento). Litúrgicamente, el patriarcado honorario de Jerusalén y los monasterios palestinenses juegan un papel particularente importante.

Libros litúrgicos:

1)      Typikon de las fiestas (Tonaz'oyz);

2)      Libro del misterio (Horhrdatetr), misal que conserva la única superviviente de las cinco antiguas anáforas, bajo el nombre de san Atanasio;

3)      Leccionario (Giashoz), con introitos, salmos, epístolas, evangelios;

4)      Himnario (Tagaran) con los himnos variables de la eucaristía;

5)      Libro de las horas (Sgiamaghirk’) al que a veces va unido el salterio;

6)      Antifonario (Sharakan) para los himnos variables del oficio;

7)      Ritual (Mashtoz') llamado así no por el nombre de Mashtoz', inventor del alfabeto, sino por el katholikos Mashtoz' de Eghivard (899). El rito de la sepultura, contenido en él, se edita en ocasiones aparte;

8)      Libro de la imposición de las manos (Ghirz' dzernadrutean)para las ordenaciones y las consagraciones de iglesias.

El calendario, original y complicado, privilegia las fechas móviles. Sólo hay un gran principio de inamovilidad: el domingo está siempre reservado para las fiestas del Señor y de María; miércoles y viernes son siempre días de ayuno, y excluyen toda fiesta.

Las fiestas principales se llaman Tabernáculo: teofanía, pascua, transfiguración, dormición, exaltación de la santa Cruz. Todas las fiestas, excepto epifanía y cinco fiestas de María, son movibles, están precedidas por una semana de ayuno, trasladadas al domingo más cercano, seguidas de un período de posfiesta cuyo primer día está reservado a la memoria de los difuntos.

Tiempos litúrgicos:

1)      Teofanía (del 6 de enero al séptimo domingo de pascua);

2)      Cuaresma (hasta el sábado santo incluido);

3)      Quincuagésima de pentecostés (de pascua a pentecostés);

4)      Advenimiento del Espíritu (desde pentecostés hasta el barekendan o carnaval de la dormición);

5)      Tiempo de las rosas (Varvardar),que comprende la transfiguración, que es siempre la decimocuarta semana después de pascua;

6)      Dormición, dividido en tres tiempos:

a)      dormición (cinco-seis semanas);

b)      b) exaltación de la santa Cruz (nueve-diez semanas);

c)       adviento (seis-siete semanas). La dormición se celebra el domingo más cercano al I S de agosto;

7)      Exaltación de la santa Cruz;

8)      Quincuagenario de adviento. Navidad y epifanía se celebran juntas en una sola fiesta, al modo antiguo (sólo los armenios católicos la dividen en dos fiestas, el 25 de diciembre y el 6 de enero).

Para conmemorar a los santos quedan los pocos lunes, martes, jueves y sábados libres. Los santos son poco numerosos, y su memoria cae sobre todo en el tiempo pascual, con la consiguiente movilidad, dado que los tiempos de pascua y de la dormición comienzan en fecha movible. Los santos no conmemorados en un tiempo son transferidos al siguiente.

En el caso de coincidencias, los oficios se acumulan, como entre los bizantinos.

La liturgia eucarística se celebra en iglesias de tipo particular (cuadrado con una cúpula en forma de pirámide octogonal), en general sobrias, con pocos iconos. El altar está muy elevado (pêm, del gr. bêma), protegido por una gran cortina, que permanece cerrada en cuaresma. La celebración presenta elementos dispares de origen sirio y bizantino; algunas influencias latinas son de carácter secundario. Varias exclamaciones en griego (proschômen, ¡estemos atentos!; orthoí, ¡estemos en pie!) revelan ciertos orígenes bizantinos. Se inicia con un solemne rito de vestición, durante el cual el coro canta un himno de nueve estrofas; sigue la procesión de la sacristía al altar; lavatorio con el salmo 25, y confesión de los pecados calcada del misereatur latino, Sal 43 (imitación de las oraciones romanas al pie del altar). El rito de la prótesis (preparación de las ofrendas) tiene lugar con simplicidad en una hornacina cercana al altar; el pan es ácimo, cocido el mismo día de la celebración según la antigua y particular tradición armenia del siglo V, que rechaza las dos naturalezas; el vino no se mezcla nunca con agua, tal vez como reacción contra los ebionitas acuarios, que consagraban sólo agua. La liturgia de los catecúmenos comienza con el pequeño ingreso del evangelio. El coro canta el Trisagion, con la añadidura de Pedro Fulón, patriarca de Antioquía (471.475-477.488): "que fue crucificado por nosotros" (considerada monofisita y teopasquiana, se refiere en cambio a Cristo, y no a la Trinidad). Las lecturas son tres (profetas, epístolas, evangelio). El credo se recita inmediatamente después del evangelio (quizá desde el siglo V). La sugestiva procesión de las ofrendas va acompañada con el himno querúbico (o por el texto propio de la fiesta). Después del beso de la paz comienza la anáfora, similar en la estructura a las anáforas usadas por los bizantinos (oración teológica, institución, epíclesis, memoria de los santos y de los difuntos, intercesiones, padrenuestro, elevación, doxología). La eucaristía termina, según el uso latino, con el prólogo de san Juan (desde pascua a pentecostés, en cambio, con Jn 21,15-19).

Influjos latinos principales, que datan de la época de las cruzadas: el número de los sacramentos (los dominicos hicieron una traducción armenia del tratado de los sacramentos de la Summa Theologiae de santo Tomás); la fórmula de absolución "yo te absuelvo", en primera persona; la caída de ciertos grados de orden sagrado, como archidiácono, corobispo y periodeuta (visitador apostólico), sustituidos por las órdenes menores latinas, incluida la tonsura; las oraciones de ordenación corresponden a modelos romanos; la unción de los sacerdotes y de los obispos en la ordenación, así como la entrega de los instrumentos, ambas totalmente desconocidas en la tradición oriental; la mitra y el pastoral episcopal son de forma latina; los obispos llevan anillo, jamás usado por otros obispos orientales, excepto los unidos a Roma; la forma de la patena y del corporal (korpurá); las oraciones al pie del altar y el evangelio final de la liturgia eucarística; el rito de coronación (matrimonio), muy similar al bizantino, lleva consigo la unión de las manos y un cambio de anillos, tomados del ritual franco-romano de tipo normando.

La liturgia armenia no nació con la crisis monofisita, porque cuando los armenios se asociaron al grupo anticalcedoniano sus estructuras litúrgicas estaban en gran parte formadas. La oposición a Bizancio ha tenido como resultado que fórmulas o costumbres bizantinas se remonten a la época anterior a las reformas hechas en Constantinopla después de la iconoclastia; la veneración de las imágenes es muy moderada y escasamente litúrgica. Los repetidos intentos de unión con Bizancio y Roma en el medievo, además de los intensos contactos con Jerusalén, han dejado en el mundo litúrgico armenio la impronta de un ecumenismo antiguo y apreciable, ahora encerrado en el horizonte exclusivamente nacional; se ve, por ejemplo, en el calendario, que celebra santos antiguos comunes a todas las iglesias y después santos más recientes, exclusivamente armenios. La vida cultural de la iglesia armenia ha producido históricamente varios movimientos de desarrollo y reforma litúrgica. Todavía hoy la actividad publicista armenia es notable, especialmente en Europa y en América .

La liturgia tiene un desarrollo coral, en el que la popularidad llega a transformarse en magnificencia de aparato y finura de ejecución. Los ornamentos son particularmente espléndidos: los sacerdotes y el diácono llevan mitra como la que usan los obispos bizantinos; todos los miembros del coro, incluidas las mujeres, llevan un hábito litúrgico de muy bellos colores. La música es una de las más fascinantes de Oriente, llena de melodías dulces; también en las piezas de mayor vigor se trasluce la noble melancolía de un pueblo que ha sufrido increíblemente. Las comunidades de la diáspora han abandonado los címbalos, que algunos usan todavía, y han introducido el armónium o el órgano. Los flabelos metálicos, agitados frecuentemente por diáconos, muestran cabezas de querubines adornadas por campanillas; éstos reflejan toda la interpretación mística de la liturgia como participación en la alabanza angélica, igual que las iglesias orientales, el sentido del misterio en la liturgia.

8. LA LITURGIA BIZANTINA

La liturgia de las iglesias ortodoxas nacidas de los siete concilios ecuménicos, reagrupadas en una familia de iglesias autónomas difundidas ya por todos los continentes, resulta de la composición de elementos de origen diverso. El término bizantino expresa la fuerza vital de Bizancio-Constantinopla en el contexto del estado imperial, del que era capital. Antiguamente se aplicaba la palabra bizantino no a la liturgia actual, sino a todo el conjunto de tradiciones litúrgicas del área bizantina: Asia Menor, Ponto, Tracia Siria y Palestina con el Sinaí. Desde los siglos IV-V en adelante, sirios (Eudoxio, san Juan Crisóstomo, Nestorio) y alejandrinos (Anatolio) son arzobispos y patriarcas de Constantinopla. Teólogos e himnógrafos de primer orden (Romano el Meloda, san Andrés de Creta, san Juan Damasceno, san Cosme de Majuma, etc.) son sirios apreciados y leídos en Bizancio; no es raro que dejen traslucir en prosa y en poesía una teología de la salvación que se inspira en Jerusalén y en los lugares santos. Los monjes son un factor importante de difusión litúrgica, a causa del carácter cosmopolita del monacato antiguo (lauras de Palestina, monasterios de Siria), que favorecía los intercambios y las peregrinaciones a Tierra Santa o hacia los famosos santuarios de Oriente, como san Simeón el Estilita o los santos Sergio y Baco, en Siria.

La historia de la liturgia bizantina ofrece momentos de reformas fundamentales que se pueden sintetizar en el Typikon, el libro que resume las tradiciones concernientes a las reglas de todas las celebraciones. El Typikon, antes de ser el actual libro homónimo, es, desde el punto de vista histórico, un término plurívoco. Desde los siglos VII-IX la liturgia bizantina griega tolera la aplicación paralela de varios typika. Los más importantes son tres:

1)      Typikon de la gran iglesia de Cristo (Santa Sofía de Constantinopla), expresión de un verdadero rito catedralicio;

2)      Typikon de san Sabas, la gran laura monástica junto a Jerusalén;

3)      ypikon studionense, es decir, del monasterio de Studion, en Constantinopla seguido por los monasterios afiliados a éste, como la gran laura de San Atanasio en el Monte Athos. Además de éstos existen otros typika locales. Tales colecciones de las diversas reglas e interpretaciones litúrgicas suponen la existencia de otros libros, en los que se aplican las reglas, pero también de tradiciones no escritas, que han de enumerarse en el capítulo de la liturgia viva (redacciones, costumbres, prácticas). La tradición litúrgica del clero secular y la del monástico,, son las dos corrientes paralelas de mayor importancia; pero los dos grupos de typika, de la gran iglesia y el de Saba-Studion, no agotan la totalidad de la primera fase histórica de la liturgia medio-bizantina.

En un typikon, de la clase que sea, aparecen tres etapas fundamentales de oración oficial:

1)      el ciclo diario, fijado en el Horologion y en el Eucologio;

2)      el ciclo pascual, contenido en el Octoechos (libro de los ocho tonos), en el Triodion cuaresmal y en el Pentecostarion del tiempo pascual;

3)      el ciclo de los doce meses del año, en el que cada día tiene una fiesta o memoria; está recogido en los 12 Meneos mensuales.

El esbozo histórico de la liturgia bizantina se sitúa geográficamente en el arco que va de Constantinopla a Jerusalén, y se debe confrontar con las situaciones que han influido profundamente y modificado la liturgia:

1)      en Constantinopla: período preiconoclasta, crisis iconoclasta (siglos VII-IX), período posterior a la toma de Constantinopla por parte de los francos (1204), caída de Constantinopla (1453) y vigorosa reanudación de la tradición bizantina en Rusia y Moldavia

2)      en Jerusalén: período anterior a la conquista persa (614), período posterior a los persas e invasión árabe (614-638), período posterior a la devastación del califa egipcio Hakim (1009).

Las destrucciones iconoclastas y de los francos en Constantinopla, y las de los persas y árabes en Jerusalén, interrumpieron la vida litúrgica normal; ésta se reanudó con una reforma que elimina, añade y crea. En Constantinopla, la época posterior al comienzo de la iconoclastia (726) es la de insignes liturgistas, como el patriarca Germán de Constantinopla (autor probable de un comentario a la Divina Liturgia, pero con seguridad de himnos y estiqueros); es la época de san Teodoro Estudita; de su hermano José, metropolita de Tesalónica, autor de numerosas homilías litúrgicas; de José de Siracusa, sublime y fecundo himnógrafo, que enriquecen el ciclo pascual, adaptan o componen himnos y revolucionan la tradición monástica, que privilegiaba el salterio. El autor de gran parte del Triodion de cuaresma es probablemente Teodoro Estudita. Después de la toma de Constantinopla por parte de los latinos, declina el solemne oficio estudita, y más tarde desaparece; bajo el influjo de los monasterios del Monte Athos, la tradición sabaíta es retomada y asimilada, hasta que el Typikon de san Sabas es consagrado oficialmente por todos los ortodoxos, con su impresión en Venecia en 1546. En Jerusalén, en el período en torno a la invasión persa del 614, la liturgia vuelve a florecer gracias alas reformas de los patriarcas Modesto y Sofronio este último, según dice Simeón de Tesalónica (siglo XV), habría reconstituido el Typikon de san Sabas, "desaparecido después de las devastaciones del lugar por parte de los bárbaros" (PG 155,556D). El Horologion se enriquece con una buena himnografía, que a continuación alcanza su culminación con las composiciones y arreglos de san Juan Damasceno, san Cosme de Majuma y otros numerosos himnógrafos sabaítas (Teóphanes Graptós, Juan Paleolabriota, Elías II, patriarca de Jerusalén; Jorge Aguiopolita, etc.). Después de la destrucción del califa Hakim (1009) se siente la necesidad de reconstruir los manuscritos destruidos y desde el siglo XII en adelante se realiza la reglamentación detallada de las vigilias (agrypnia) dominicales, los oficios predilectos del monacato palestinense.

En Rusia la edición del Typikon de san Sabas (1610, 1633, 1634, 1682) provoca la importante reforma del patriarca Nicon, deseoso de eliminar errores y abusos y de reforzar la unidad litúrgica con el mundo greco-bizantino. El cisma doloroso de los viejos creyentes (staroviery) fue provocado por reformas de por sí justas. En medio de toda esta evolución se puede decir que se refuerza un firme principio discrecional: el celebrante o el superior determina la medida de los oficios y el modo más o menos solemne de ejecución.

Hoy día la himnografía litúrgica, lejos de haber muerto, es todavía creativa. Tanto laicos como religiosos rivalizan en la composición de los oficios para los nuevos santos, los acatistos (himnos de alabanza para recitar de pie), tan queridos en el Monte Athos, en Rumania y en Rusia. "El mito del inmovilismo litúrgico bizantino es precisamente esto: un mito" (M. Arranz).

Libros litúrgicos:

1)      Typikon, ordo-calendario con las rúbricas detalladas de todos los oficios cotidianos, incluida la celebración eucarística, con muchas introducciones y reglas para el ayuno, apéndices para las ceremonias especiales (liturgia patriarcal, ordenaciones, akathistos, sepultura, tabla de circunstancias y concurrencias festivas);

2)      2) Liturgikon, con el ordinario de las celebraciones eucarísticas y las partes sacerdotales del oficio;

3)      Eucologio, ritual con la administración de los sacramentos y los oficios de bendición;

4)      Octoechos (libro de los ocho tonos), con el propio del oficio de cada día según un ciclo de ocho semanas, con ocho tonos diversos (texto y música); cada tono dura siete días: hay, por tanto, 56 propios que se repiten cinco-seis veces al año;

5)      Triodion (libro de los himnos triples), con propio del tiempo desde la precuaresma al sábado santo;

6)      Pentecostarion, con el propio del tiempo desde pascua al domingo de todos los santos (primero después de pentecostés);

7)      Meneo (mensual), colección de 12 volúmenes, uno al mes, con las fiestas y memorias fijas de cada día (santoral);

8)      Apóstol, leccionario de lecturas del NT para la liturgia eucarística (sigue el orden del NT, comenzando en pascua con los Hechos, saltándose sólo la carta a Filemón, que se lee el día de su fiesta, 22 de noviembre);

9)      Evangelio, con las perícopas para la eucaristía y el matutino festivo; se lee en cuatro series con el orden Jn, Mt, Mc, Lc y evangelios de carnaval al sábado santo;

10)  Salterio, dividido en 20 kathismos para vísperas y laudes;

11)  Horologion, libro de las horas sintético y portátil, con el ordinario de vísperas y laudes y las horas menores completas; tiene un calendario que contiene los dos principales himnos de cada día (tropario y kondakio); como apéndice tiene las tablas pascuales, el himno akathisto a la Theotokos, el oficio de la comunión (preparación y acción de gracias), algunos cánones poéticos votivos (a la Trinidad, a la santa Cruz, a Jesús, Paraklisis a la Madre de Dios).

Los bizantinos unidos a Roma han condensado varias partes de estos libros en ediciones abreviadas, que se inspiran en el misal y en el breviario.

El año litúrgico tiene dos ciclos: fiestas fijas y móviles.

1)      Ciclo fijo: comienza el 1 de septiembre, inicio del año civil bizantino. Tiene nueve grandes fiestas fijas:

a.      Fiestas del Señor (despotikai heortai):

                                                   i.      Exaltación de la santa Cruz (14 septiembre);

                                                 ii.      Navidad (25 diciembre);

                                                iii.      Teofanía (6 enero);

                                               iv.      Encuentro del Señor (2 febrero);

                                                 v.      Transfiguración 6 agosto);

b.      Fiestas de la Madre de Dios (theométorikai heortai):

                                                   i.      Natividad (8 septiembre);

                                                 ii.      Entrada en el templo (21 noviembre);

                                                iii.      Anunciación (25 marzo);

                                               iv.      Dormición (15 agosto);

2)      Ciclo móvil:

a.      Tempo precuaresmal de veintidós días, con cuatro domingos (domingo del publicano y del fariseo, domingo del hijo pródigo, domingo de carnaval, domingo de los lacticinios o del perdón);

b.      Cuaresma, de cuarenta días, con seis domingos (domingo de la ortodoxia, domingo de san Gregorio Palamas, domingo de la adoración de la santa Cruz, domingo de san Juan Clímaco, domingo de santa María Egipcíaca, domingo de ramos); semana santa;

c.       Tiempo del pentecostario, de cincuenta días, con nueve domingos (pascua con semana luminosa, domingo de santo Tomás o antipascua, domingo de las miróforas o de los justos José de Arimatea y Nicodemo, domingo del paralítico, domingo de la samaritana, domingo del ciego de nacimiento seguido del jueves de la ascensión, domingo de los santos padres del primer concilio de Nicea, domingo de pentecostés o de la Trinidad, domingo de todos los santos, último de Pentecostario y primero del Octoechos).

El ciclo móvil contiene las restantes grandes fiestas del Señor: ramos (de por sí fuera también del ciclo cuaresmal, en cuanto fiesta de la entrada del Señor en Jerusalén), pascua, ascensión y pentecostés. En el Triodion las semanas se cuentan del lunes al domingo; en el Pentecostarion, del domingo al sábado. El Triodion contiene un gran número de lecturas bíblicas también para las horas menores.

Las fiestas tienen cinco rangos, anotados en los libros por una señal especial:

a)      Gran fiesta (vigilia nocturna o agrypnia en la que se juntan vísperas y laudes en un solo oficio solemne, canon poético de la fiesta en el matutino, con canto especial o megalinario a la Madre de Dios; las fiestas del Señor tienen una cierta prevalencia sobre el domingo; antefiesta, posfiesta con octava de clausura);

b)      media de primera categoría (vigilia nocturna; las más importantes son san Juan Ev., el 26 de septiembre; san Juan Crisóstomo, el 13 de noviembre los tres jerarcas san Basilio, san Gregorio Nacianceno y san Juan Crisóstomo, el 30 de enero; san Jorge, el 23 de abril, etc.);

c)       media de segunda categoría (grandes vísperas con kathisma sálmico 1.°, antifonario con aleluya, gran entrada lecturas bíblicas y laudes con Polyeleos es decir, Sal 134-135; se usa en las fiestas de los apóstoles, en las menores de la Madre de Dios y otros santos);

d)      menor de primera categoría (no hay grandes vísperas, sin embargo en las laudes se cana la gran doxología o Gloria in excelsis Deo; textos propios);

e)      menor de segunda categoría (un cierto número de estiqueros o cantos propios en el oficio). Los días de simple conmemoración no se señalan con ningún signo especial en los libros.

El ciclo semanal prevé las siguientes conmemoraciones, ya insertadas en el Octoechos: resurrección (domingo), santos Ángeles (lunes), san Juan el Precursor (martes), Madre de Dios, santa Cruz y penitencia (miércoles), santos Apóstoles, san Nicolás el Taumaturgo (jueves), santa Cruz, difuntos, penitencia (viernes), todos los santos y difuntos (sábado).

Cuando se celebra la eucaristía, se usa ordinariamente la Divina Liturgia de san Juan Crisóstomo o la especial de san Basilio (diez veces al año: vigilia de navidad, primero de enero, esta de san Basilio, vigilia de epifanía, cinco domingos de cuaresma, jueves santo, sábado santo). Dado que en los lunes, martes y jueves de cuaresma está prohibida la Divina Liturgia, que se puede celebrar sólo el sábado y el domingo, considerados fuera de la cuaresma, el miércoles y el viernes se puede celebrar la Liturgia de san Gregorio, llamada de los presantificados (es decir: hora de nona con typicos, grandes vísperas con distribución de la comunión, mantenida en reserva desde la Divina Liturgia del domingo precedente; para no prolongar el ayuno se la celebra por la mañana, pese a su carácter vespertino sin embargo, en muchas partes vuelve a iniciarse la celebración por la tarde, comenzando el ayuno a mediodía en vez de a medianoche).

El movimiento litúrgico ortodoxo actual se está esforzando en propagar de nuevo la celebración de la liturgia jerosolimitana de Santiago, caída en desuso durante siglos entre los bizantinos, salvo raras excepciones; la tendencia es celebrarla al menos el día de la fiesta del apostolado (23 octubre); existen buenas ediciones griegas y eslavas, provistas incluso de las melodías necesarias; pero su celebración sigue siendo todavía excepcional.

Las dos anáforas que se usan tienen estructura antioquena. En el medievo, la anáfora de san Basilio cayó en desuso, dando el relevo a la de san Juan Crisóstomo. La Divina Liturgia está precedida por el rito tardío, pero altamente simbólico, de la prótesis o proscomidía (preparación de los ministros y de las especies eucarísticas). Se distingue fácilmente la parte catecumenal (comienzo, letanías intercaladas con antífonas, entrada con el evangelio, himnos o troparios del día, Trisagion, Apóstol con aleluya, evangelio y, entre algunos, letanías de los catecúmenos). La parte del ofertorio comienza con la solemne traslación de los dones santos desde la prótesis al altar, pasando por la iglesia al canto del himno querúbico interrumpido por conmemoraciones; siguen credo, anáfora, padrenuestro, fracción, elevación, comunión, distribución del Antidoron o eulogia del pan bendecido.

Rasgos característicos de la liturgia bizantina:

a) Los orígenes orientales antioqueno-palestinenses son evidentes, tanto en las estructuras como en la fuerza imaginativa de los símbolos y en el lirismo de los himnos. Una veta de optimismo recorre los textos, incluso los de penitencia; finalmente, los sugestivos oficios del viernes santo dejan traslucir ágilmente la resurrección. La liturgia se concibe sobre todo como fiesta en el atrio del Señor; y la iglesia, como edificio, se asemeja a un nuevo paraíso.

b) El aspecto formal lleva la marca puramente bizantina, es decir, romano-imperial, con su sentido de jerarquía, de orden, de ceremonia imperial; después de la caída de Constantinopla, la iglesia rusa retomó esta perspectiva de cesarismo, desarrollándola con exacta dignidad y magnificencia.

c)  El helenismo se ha combinado con todas las incidencias orientales y asiáticas, introduciendo en el lenguaje los contenidos especulativos de la teología patrística griega. Las ideas bíblico-litúrgicas no es raro que se expresen con la terminología de los filósofos neoplatónicos, de la escuela teológica de Alejandría, de los padres capadocios, de san Máximo el confesor. En algunos rasgos se nota que la experiencia litúrgica se ve como una especie de iniciación gnóstica al Dios trascendente de la Escritura. Luz, sabiduría, logos, pneuma, pistis-gnosis y sus adjetivos llenan el vocabulario litúrgico y hacen de contrapeso al sentimiento lírico.

d) El sentido didascálico está muy difuso en la liturgia, aunque no parece fin en sí mismo. Tal vez la voluntad de hacer conocer los dogmas de la iglesia y la doctrina de los concilios a través de la experiencia litúrgica ha creado una mentalidad de lícito conservadurismo. Se puede decir que los himnos como eucología abundan en formulaciones teológicas de los sínodos y del pensamiento de los padres.

e) El simbolismo tiene como objetivo el teocentrismo y el cristocentrismo del culto. La liturgia debe poder transmitir todo el contenido bíblico de la suprema trascendencia divina. Dios aparece como el sujeto absoluto de las palabras y de las acciones litúrgicas, según la enseñanza antioqueno-edesina. La eucaristía se inspira con toda claridad en la parábola del banquete y no tiene de hecho el carácter de triste comida de adiós. Dios es más allá de todas las teofanías litúrgicas un misterio impenetrable tremendo y fascinante; pero la vida litúrgica de la iglesia permite conquistar el sentido de la transfiguración de las cosas, la comunión con Cristo como Kyrios. El Cristo de la liturgia bizantina no aparece nunca velado por el varón de dolores, pues incluso los himnos de semana santa dejan sentir que en él viven la fuerza, el poder y la gloria.

f)   El carácter escatológico aflora particularmente en la eucaristía. Tanto los textos como el marco exterior (simbolismo de los gestos, del edificio de las vestiduras, de las imágenes) tienen la función de signo premonitorio de la unión apocalíptica entre el cielo y la tierra. Con frecuencia los cantos repiten que la liturgia es un servicio pneumático-extático, aparición en imagen del reino de Dios participación en la alabanza angélica según todo lo que enseñan, de modo diverso pero complementario, las tradiciones catedralicia y monástica. El tema de la gloria (doxa) final de Dios se expresa frecuentemente mediante la terminología apofática (negativa), muy del gusto de los capadocios, cuya anáfora, de san Basilio, sigue siendo una obra de arte no superada. Ni la Divina Liturgia ni el oficio o los sacramentos sufren la objetividad pragmática de ser instrumentos que comunican la gracia, porque el culto se transforma en signo anticipador de la epifanía que vence el determinismo del mundo natural.

g) Esta liturgia, en sus orígenes históricos y en su espíritu, es, al mismo tiempo, liturgia de una iglesia local, en cuya asamblea está representada toda la iglesia de Dios. El obispo está omnipresente espiritualmente, incluso cuando no es el presidente de la liturgia hic et nunc; rúbricas y costumbres lo recuerdan con frecuencia. Las numerosas letanías diaconales, con invocaciones breves pero intensas, provocan con feliz repetición las continuas respuestas de la asamblea o del coro, y expresan toda la tensión de una eclesiología de comunión en la que no se olvida a nadie, ni a los vivos ni a los difuntos.

h) El arte, en un grado más elevado que en todas las otras liturgias orientales, está profundamente ligado al culto. Iconografía y arquitectura de realización extremamente convincentes y refinadas se encuentran en el arte armenio y medieval y, más débilmente, en las otras familias litúrgicas. Respecto a ellas, sin embargo el mundo bizantino se enfrentó teológicamente con la relación entre imagen y culto, y conquistó de ello una comprensión de la que sólo él posee el secreto. Los patriarcas Germán, Nicéforo y Metodio de Constantinopla, Jorge de Chipre, san Juan Damasceno y Teodoro Estudita escribieron entre los siglos VIII y IX , acerca del fundamento teológico de la imagen, y lo sostuvieron: el icono es un documento teándrico que anula la prohibición veterotestamentaria de hacer imágenes de Dios; la imagen presupone la encarnación. El hecho cristológico es básico para que Dios pueda ser representado mediante Cristo en su naturaleza humana. Esquivando la tentación monofisita, el II concilio de Nicea (787) elabora el pensamiento de san Juan Damasceno y reconoce a los iconos una veneración (proskynésis, ¡no adoración!) similar a la tributada a la santa Cruz o al libro de los evangelios, que no entra en conflicto con el primado de la Escritura. El valor de un icono no reside sólo en la verdad dogmática abstracta, sino en un instante de contemplación, de amor agradecido al Dios hecho hombre, capaz de transformarse en liturgia común o piedad personal. A partir del período posterior a la iconoclastia, las iglesias, distintos momentos de la liturgia y la oración personal comportan cada vez más la imagen sagrada como presencia indiscutible. La imagen sagrada, pintada según criterios rigurosamente eclesiásticos, es fruto de una espiritualidad auténticamente contemplativa. La figura de Cristo y las de la Madre de Dios y de los santos, asimilados a él, se representan no de un modo naturalista, sino con la semblanza de una eternidad creada, inmersa en la luz tabórica, simbolizada por el fondo dorado o blanco. La humanidad que se ve en el icono es abstracta y estilizada, llena del Espíritu Santo, no tanto naturaleza inmanente cuanto cuerpo espiritual; el límite espacial que Dios ha asumido en Cristo es, a la luz de la resurrección, una ventana abierta a la eternidad. El mundo fenoménico, justamente como lo inculca la liturgia, se confronta con el propio destino de transfiguración. Las figuras comunican un sentido de inmutabilidad, como si la materia se hubiese substraído a la corrupción. También los colores participan en esta liturgia visual ante la imagen del Dios invisible hecho visible: la púrpura de la túnica de Cristo significa su realeza divina, recubierta por el manto azul de la humanidad asumida por nosotros. El papel del icono en la liturgia es el de compañía y mudo repetidor del dogma de Calcedonia. Los ministros se preparan para las celebraciones rezando delante del iconostasio las fórmulas previstas para este acto, inciensan las imágenes, las llevan en procesión, las comentan. El pueblo las venera también durante la celebración, sintiendo la identidad profunda entre el mensaje de los textos y el de las imágenes. La liturgia bizantina presenta las imágenes como parte integrante de sí misma y medio libre, pero eficaz, para conocer a Dios. El icono del Hijo de Dios testimonia y revela la gloria de la Trinidad; la vista se santifica y, en la fe, puede transformarse en visión.

En la situación actual, la liturgia bizantina se practica en los patriarcados de Constantinopla y Jerusalén, en la parte greco-ortodoxa de los patriarcados de Alejandría y Antioquía, entre los católicos de Georgia, en los patriarcados de origen más reciente de Moscú, Servia, Rumanía, Bulgaria, en una serie de iglesias autocéfalas o autónomas (las más importantes: Grecia Chipre, USA). A causa de una dilatada diáspora ortodoxa, esta liturgia se practica en todos los continentes, incluida Oceanía (Australia y Nueva Zelanda). El movimiento misionero la difunde en África (Kenia, Uganda, Tanzania, Zaire) y en Asia (Corea, Japón). El movimiento litúrgico opera de un modo desigual, pero, en ocasiones, con eficacia, sea a nivel académico (Institut St. Serge, de París; Seminario de Balamand, en el Líbano; St. Vladimir's Seminary, de Nueva York; facultad de Holy Cross, en Boston), sea a nivel pastoral (varios movimientos laicos en Medio Oriente, sobre todo el Mouvement de la Jeunesse Orthodoxe [MJO] siro-libanés, el Apostoliki Diakonia, confraternidades laicas y otros movimientos en Grecia); muchos obispos en Rumania Líbano, URSS están comprometidos en la reforma litúrgica, con éxitos satisfactorios (publicaciones, lengua vernácula, música, predicación simplificaciones equilibradas). La teología litúrgica ortodoxa está actualmente representada por valiosos investigadores, como E. Theodorou y J. Foundoulis (Grecia), E. Braniste (Rumania), B. Bobrinskoy, A. Kniazeff, E. Meliá, C. Andconikoff, mons. G. Wagner (París), el metropolita Georges Khodre (Líbano). Son también numerosos los estudiosos no ortodoxos autores de estudios apreciables sobre la liturgia bizantina: L. Ligier, J. Mateos, M. Arranz, R. Taft (Roma), E. Lanne (Bélgica), W. Nyssen, H.-J. Schulz, G. Kretschmar y K. Gamber (Alemania), S.V. Janeras (España), R. Bornert (Luxemburgo), etc.

Las iglesias greco-católicas son bastante numerosas y surgieron del desmembramiento de iglesias locales ortodoxas en las dos obediencias, romana y ortodoxa, provocado por movimientos de unión, algunos de los cuales datan de muy antiguo: unión de Brest-Litovsk entre los ucranianos (1595-96), de Uzhorod entre los rutenos (1646), de los croatas (1611), de Alba Julia entre los rumanos (1698) y de los melkitas de Oriente Medio (1724). Ha habido otras épocas más recientes, pero de menor importancia (Macedonia, Grecia, Bulgaria). Los ítalo-albaneses, llegados al reino de Nápoles huyendo de la invasión turca, han adoptado más bien la intercomunión práctica con la iglesia de Roma, sin suscribir nunca un acto de unión. Los greco-católicos de Ucrania y Rumania han sido reabsorbidos en la respectiva iglesia ortodoxa después de coyunturas históricas recientes.

Estas iglesias han conservado fundamentalmente la liturgia de su iglesia madre; pero, a causa de siglos de formación teológica occidental, bajo la presión de circunstancias desfavorables, han realizado reformas litúrgicas inspiradas en el concilio de Trento, en las devociones de la época barroca, en la teología de la segunda escolástica y en la devotio moderna. El grado de contaminación es más o menos fuerte, de forma que los puntos de latinización no valen para todos los lugares o, al menos, no con la misma intensidad. Al haber perdido el contacto con las fuentes privilegiadas de inspiración litúrgica (vida sinodal plenamente autónoma, centros monásticos, teología patrística, estudio de la propia tradición) y al vivir con frecuencia en un aislamiento social y confesional, han retocado la liturgia a todos los niveles con criterios extraños al genio originario; en la eucaristía: abandono o simplificación del rito de la proscomidia, preparada frecuentemente sin fórmulas por el sacristán la tarde anterior a la celebración; introducción de las misas secretas y privadas; posibilidad para los sacerdotes de celebrar varias liturgias al día; asimilación del ayuno eucarístico oriental (desde la media noche) al de la iglesia romana; toque de la campanilla después del sanctus (para subrayar la doctrina católico-romana sobre la consagración) en el momento de la institución, y no de la epíclesis; pronunciación de las palabras de la institución por parte de todos los concelebrantes por tuciorismo; sustitución del evangeliario sobre el altar por el misal; calendario: introducción de fiestas desconocidas en Oriente (Corpus Domini, sagrado Corazón, inmaculada Concepción); bautismo, confirmación y comunión se confieren separadamente; decadencia, que en ocasiones es casi total o extrema simplificación, del oficio cantado y obligación del breviario privado; primacía de devociones occidentales (rosario, culto del sagrado Corazón vía crucis, novenas) y reducción de las típicamente orientales (akathisto, cánones); bendición eucarística extralitúrgica; decadencia de los Presantificados en favor de la misa cotidiana; sustitución de la iconografía bizantina por imágenes posrafaélicas italianizantes; culto de santos extraños al calendario oriental (santa Rita, san Antonio de Padua, santa Teresa del Niño Jesús); supresión o reducción del iconostasio; estatuas; recitación del Filioque en el símbolo niceno-constantinopolitano, pese a no ser obligatorio entre los greco-católicos; sacerdotes que por motivos de solemnidad externa sirven en la misa como diáconos.

9. LA LITURGIA BIZANTINA EN ITALIA

La Italia meridional, helenizada desde la época precristiana, al formar parte del imperio cristiano de Oriente, ha practicado desde una época remota la liturgia bizantina. Ésta es también la única forma de liturgia oriental practicada en la península. Las luchas iconoclastas de oriente produjeron un aumento numérico de las comunidades griegas en Italia, mezcladas con los restos de los longobardos. Las encontramos en Puglia, Basilicata, Calabria, Sicilia y Roma. De los cerca de veinte papas greco-orientales, nueve reinaron entre el 642 y el 752: Teodoro, Juan V, VI, VII; Sergio, Sisinio, Constantino, san Gregorio III, san Zacarías. La ciudad de Roma contaba en el medievo con importantes monasterios griegos: san Sabas, san Prisco y santos Alejo y Bonifacio, en el Aventino; santos Vicente y Anastasio, en Tre Fontane; san Cesáreo en vía Apia; san Basilio, en el foro Trajano; san Silvestre, san Esteban, etc. La reconquista normanda de Sicilia, arrebatada a los árabes, produjo un reforzamiento gradual del rito latino y un debilitamiento del griego en todo el reino. Gracias a una cierta tolerancia de los reyes normandos, en el siglo XII tuvo lugar un renacimiento cultural y litúrgico que favoreció la importación de libros litúrgicos de Oriente, especialmente del Monte Athos. Los normandos, sin embargo, al introducir el derecho feudal de investidura, substrajeron los potentes monasterios basilianos a la jurisdicción de los obispos bizantinos. Más tarde se llegó a la supresión de las diócesis bizantinas, transformadas en ocasiones en diócesis latinas. El rito griego desaparece definitivamente en Puglia y Basilicata en el siglo XV; en Calabna resistió ininterrumpidamente desde los orígenes hasta los siglos XVI-XVII.

El monacato basiliano, que contaba entre los siglos VII-XII con centenares de monasterios, lauras, eremitorios y grutas, era el punto de apoyo fundamental de la liturgia bizantina y ha producido decenas de santos, venerados con frecuencia incluso en Oriente: san León de Catania, san Filerato de Palermo, san Metodio de Siracusa san Elías de Enna, san Fantino de Mercurion, san Lucas de Tauriana, san Teoctisto de Caccamo (conocido por los sicilianos como san Calógero por el título monástico griego "kalogéros", el buen viejo), san Daniel de Taormina, santos Nilo y Bartolomé de Rossano Calabro, san Lucas de Messina, san Gregorio de Agrigento, santa Rosalía de Palermo, etc.

Los monjes seguían en parte el Typikon de san Sabas, pero sobre todo el de Studion, según la federación monástica a la que pertenecieran (las más importantes son los archimandritados de san Salvador de Mesina, de 1059, que condividía con el obispo de Monreale la jurisdicción eclesiástica sobre Sicilia; el Patirion de Rossano Calabro y la heparquía de Latinianum en Basilicata). Las bibliotecas poseen varios typika ítalogriegos: el más antiguo es el de Mesina, de 1131. Éstos están, en general, inmunes de manipulaciones e infiltraciones heterogéneas. La universidad de Roma ha publicado en 12 volúmenes todo el cuerpo himnográfico ítalo-griego, todavía poco conocido. Los basilianos dieron un fuerte impulso al estudio del griego, influyendo directamente en el humanismo italiano. Petrarca y Boccaccio estudiaron el griego con dos célebres monjes greco-calabreses Barlaam de Seminara y Leoncio Pilato. Los typika ítalo-estudionenses se dividen en tres familias: 1) paleo-calabrés, 2) calabro-siciliana 3) pullés (del monasterio del Casale). La tradición estudionense, desaparecida en Constantinopla y en el Athos, ha sobrevivido en la Italia meridional. El monasterio de San Salvador de Messina cambió el Typjkon estudionense por el de san Sabas sólo en el siglo XVI por imposición del papa.

En el momento en el que el cristianismo bizantino desaparecía de las provincias meridionales, comienza el fenómeno dalas inmigraciones de los albaneses desde Epiro y el Peloponeso, llevando consigo la liturgia bizantina. Se dispersaron por el sur desde el 1461, acogidos por los aragoneses. El límite septentrional de sus colonias está en los Abruzos. Muchas comunidades perdieron acto seguido el rito griego, pese a continuar todavía hoy hablando la lengua albanesa.

Actualmente la liturgia bizantina la practican cerca de 70.000 fieles en las dos heparquías (diócesis) de Fungo Albanesa, junto a Cosenza (26 parroquias en Calabria, Basilicata, Abruzzi), y de Piana degli Albanesi, junto a Palermo (14 ,parroquias), y en la abadía "nullius" de Santa María de Grottaferrala, junto a Roma (una parroquia y cuatro monasterios: en Grottaferrata, San Basilio, junto a Cosenza; Piana deglia Alba y Mezzojuso, junto a Palermo).

El rito se latinizó mucho entre el 500 y el 700. En este siglo, sin embargo, se ha emprendido una obra de purificación de los excesivos latinismos del pasado codificada por el sínodo de Grottaferrata de 1940 y gracias a la mejor formación del clero en el Colegio Griego de Roma, dirigido por benedictinos belgas. La lengua litúrgica de base al menos en algunas ceremonias solemnes, es el griego. Recientemente se han introducido el italiano y el albanés, tanto para toda la Divina Liturgia como para ciertas partes del oficio. La música psáltica neobizantina va felizmente acompañada de melodías locales griegas y albanesas. El influjo latino se nota todavía en la fuerte reducción del oficio, en la Divina Liturgia ferial leída, dialogada y sin canto, en el estilo occidental de las iglesias, en el uso (en disminución) de las estatuas y, en ocasiones, del armónium, en el bautismo por infusión, en la penitencia en el confesonario, en la celebración eucarística en cuaresma, con la consiguiente desaparición o reducción de los Presantificados.

El movimiento litúrgico registra ciertos progresos; una nueva corriente iconográfica de pintores autóctonos, junto a otros provenientes de Grecia, está proveyendo gradualmente los lugares de culto de buen arte litúrgico de tradición neo-bizantina. No faltan las publicaciones tanto científicas (Bolletlino de la abadía griega de Grottaferrata) como de alta divulgación (revista y cuadernos de Oriente Cristiano de Palermo). La iglesia concatedral griega del almirante (Martorana) en Palermo se ha convertido en un interesante centro de contacto ecuménico entre fieles greco-ortodoxos e ítalo-albanos greco-católicos, que se unen en el canto de la común Divina Liturgia.